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Clare De Historia Entrar era aspirar la ilegitima razor’ de la clase, ser solo lo que estaba escrito. Sentado en el mismo predestinado sitio me sentia, al fin, descolocado. Miraba en torno mio y nada alumbraba a mi favor. Era cualquier mailana de otono, o primavera del 59, y ya estabamos los de piel triguelia sintiendonos solos, como si nadie abogarapor nosotros, porque entrar era arrostrar los sofocantes resultados del conflicto: el estado desde arriba contra nosotros sin el arma de algun resucitable dato para esgrimir contra los largos parlamentos de aquel maestro de surefia frente dura, creador del suefio y jerarquias, que repetia, como si fuera su misi6n, la historia lisiada de mi pueblo: And beware of the Mexicans, when they press you to hot coffee and “tortillas.” Put fresh caps on your revolver, and see that your “shooting-irons” are all in order, for you will probably need them. before long. They are a great deal more treacherous than Indians. Entre los autores de la luz no estuvo aquel corruptivo preceptor, como tampoco fecundo con faciles sentencias y complice actitud suprema los cerebros listos de mi raza: He will feed you on his best, “senor” you, and “muchas gracias” you, and bow to you like a French dancing-master, and wind it all up by slipping a knife under your left shoulder-blade! And that’s one reason I hate them so. Por no gritar mi urgente ira, me encorvaba en el pupitre como un cuerpo interrogante; me imaginaba estar en otro estado, sin embargo, fui cayendo cada vez hacia el abismo espeso de la humillacion, tema tenaz de mi tiempo. i,Quienes eramos mas que unos ninos detenidos en la frontera perversa del prejuicio, sin documentos recios todavia para llamarnos libertad? Se me volvia loca la lengua. Queria tan pronto saber y decir algo para callar el abecedario del poder, levantarme y de un golpe rajarle al contrincante las palabras de obsesion, soltarle los argumentos de nuestra fortaleza y plantar, en medio de la clase, el emblema de mi fe. Pero todo era silencio, obediencia a la infecta tinta oscura de los textos. y era muy temprano en cualquier mailana de otofio, o primavera del 59 para decir lo que se tenia que decir. Pero han pasado los arlos, y los libros han cambiado al compas del pueblo latidor, porque solo por un tiempo puede un hombre llevar a cuestas el fastidio de quien se cree el vencedor. Aqui mi vida cicatriza porque soy el desertor, el malvado impenitente que ha deshabitado el salon de la demencia, el insurrecto despojado de los credos de la negacion. Sean, pues, otras palabras las que triunfen y no las de la infamia, las del fraude cegador. Tino Villanueva 14 SEPTEMBER 16, 1990